Junio 21 de 2002 <"Yo no sabía quién era bin Laden. Para mí, podía ser un personaje de 'La Guerra de las Galaxias", señaló la funcionaria.> |::::::::::::::::::::::::::::::::: Teníamos una reunión al frente del centro Andino. Y estaba cayendo un aguacero horrible. Finalmente nos paró un taxi. XX se tapaba la cabeza con el maletín del portátil mientras saltaba de primera al carro, para que no se le dañara el blower que se había hecho por la mañana. Se le enchutaba el pelo. Tuvimos la típica conversación dentro de un taxi, con lluvia, y en la mitad de los trancones. La típica conversación bogotana, en donde no se dice nada más que lo evidente. Bajamos por la 81, pasamos al frente del centro comercial Atlantis - lo más lobo que se ha construido en Bogotá, un fenómeno miamizante - y justo cuando el taxi pasó al frente de la sede de la Cruz Roja, al girar en la 14 para subir por la 82, a XX se le ocurre decir con voz chillona: "Qué horror, esa gente le dañó el negocio a todos los de por acá..." Sentí un escalofrío. Esa gente de la que ella hablaba era un grupo de desplazados por la violencia, que al no tener más opciones de vivienda, se tomó el edificio de la Cruz Roja, en plena zona rosa de Bogotá. Un edificio de oficinas chic en el corazón de la zona de evasión de la ciudad se convirtió en un refugio habitado por seres no urbanos, de esos que cuelgan la ropa húmeda en las ventanas para que se seque, de los que hacen un sancocho colectivo en la calle, de los que se bañan con agua fría en el lavamanos y se secan el pelo con toallas de colores sentados en la acera, haciendo visita, bajo la flameante bandera de la Cruz Roja de Génova. Todo esto a solo metros de los rumbeaderos de chucutrance y de salsa, de los salones de tatuaje y piercing, de la calle de la moda, los hoteles, los vendedores de droga, los restaurantes exóticos, la Tea House, los casinos llenos de luces - que están proliferando en esta ciudad atiborrada de gente ávida de ganar dinero fácil. XX llevaba metida varios años en el mundo de los nuevos medios y sus negocios. Esa tarde pude constatar que este mundo corporativo realmente hace estragos en las personas. Y que si yo seguía metido en ese planeta de cockteles, alianzas, lanzamientos de producto y estrategias de mercadeo, vestido de corbata Versace y saco de Ricardo Pava, yo iba a terminar algún día mandando matar a los travestis que se paran cerca de la oficina, porque se tiran la imagen de mi empresa, o recogiendo a una puta de las que se paran en la esquina de la 90 con 15 para pretender que soy hetero, frente a un cliente o un socio de negocios. Me sentí enfermo toda la tarde. Era casi increíble que XX, una amiga del liceo francés de toda la vida, lugar que se supone forma mentes abiertas, pudiera decir esas cosas en público. XX ya no era la misma. Mi amiga había evolucionado de mujer a gallina, como un Pokemón. ___________________________ Alguien me contó que la vieja más avispada del barrio Santa Librada vivía entre los desplazados del edificio de la Cruz Roja, para ver qué podía sacar de provecho. Así como el señor que se para en el "round point" (ronboi como dicen los taxistas) con unas muletas a pedir limosna entre las hileras de carros. Faustino, mi primer chofer, me contó que ese señor tiene 3 casas en el barrio La Florida, y una finquita en La Vega. ¡Y todo libre de impuestos! O como la señora gorda gorda gorda que pedía limosna en el centro, que cuando se murió, los policías entraron a su cambuche - al lado de la carrilera del tren, hecho de latas y deshechos de construcción - y lo desbarataron completamente buscando el tesoro de esta indigente, sin encontrar ni un peso. Cuando llegaron los de Medicina Legal - que sí estaban autorizados a tocar y mover el cuerpo de esta mujer - descubrieron que la gordura de la señora no era obesidad sino 20 millones de pesos enrollados finamente y vendados en todo su cuerpo con fajas de algodón. Los policías se emputaron porque los de medicina legal les tumbaron la guaca, y no repartieron la plata con ellos. Enrique, que fue uno de los policías de este episodio, me contó que a partir de ese día todos ellos esculcaban los cuerpos de los mendigos, sobre todo los que se morían de viejos, porque ahí había alguna guaca segura. ___________________________ "I used to have a girlfriend Known as Elsie, With whom I shared Four sordid rooms in Chelsea She wasn't what you'd call A blushing flower... As a matter of fact She rented by the hour. The day she died the neighbors Came to snicker: "Well, that's what comes From too much pills and liquor." But when I saw her laid out like a Queen, She was the happiest... corpse... I'd ever seen. I think of Elsie to this very day. I remember how she'd turn to me and say: "What good is sitting alone In your room? Come hear the music play. Life is a Cabaret, old chum, Come to the Cabaret." |::::::::::::::::::::::::::::::::: |








